Cuando hablamos de bloomers, inmediatamente lo relacionamos con dos ideas: ropa interior y lolita. Sin embargo, la palabra bloomer tiene un significado mas profundo, el cual podria no ser sinónimo del estilo victoriano y rococó que tanto intenta imitar el lolita fashion. En esta ocasión abordaremos el origen del concepto y los personajes históricos que intervinieron en su creación.

Según libros historicos, las mujeres pasaron aproximadamente 5 mil años sin cubrir sus áreas íntimas. En la antiguedad, la higiene de las personas en europa era escasa y los baños solo acostumbrados por la realeza, por lo que abundaban las enfefemedades e infecciones. Por este motivo, se dejaba entrar libremente el aire por debajo de las faldas para perdurar la buena salud. A pesar de ello, mostrar las piernas era impensable, por lo que se utilizaban capas y capas de enaguas (mejor conocidos actualmente como “fondos”), las cuales disminuían o aumentaban segun la clase social, para dar mayor volumen a los vestidos pomposos de la epoca virreinal. No fue sino hasta mediados de 1800 cuando surgió una idea inovadora, que revoluciono la forma de vestir de las mujeres y cambio la idea que se tenia hasta el momento del uso de los pantaloncillos.

Para 1850, en Nueva York, ya existían mujeres luchando por conseguir derechos igualitarios. Una de estas mujeres fue Amelia Jenks Bloomer (1818-1894), quien llego a dicha ciudad a los 22 años de edad y poco tiempo después empezó a escribir de temas relaionados a movimientos feministas de la época, creando su propio diario de gran alcance llamado “The Lily”. En 1851, una chica llamada Elizabeth Smith Miller, creo una prenda con el fin de liberar a la mujer de la opresora vestimenta afrancesada del siglo 19, al que llamo “vestido racional”, enfatizando su ideología de que la mujer merecía realizar sus actividades de manera libre y sin los obstáculos que conllevaban los excesos en la moda del rococó. Esta información llego a oidos de Bloomer, quien se emociono tanto que inmediatamente empezo a utilizar dicha vestimenta y promovió su uso, mencionando en sus publicaciones que “toda mujer que se considerará sensata debía utilizarla”.

El vestido racional consistía de enaguas largas y flojas, abotonadas al inicio de los tobillos, seguidas de una falda corta a las rodillas o una chaqueta larga, inspirado en los típicos trajes turcos de la época. Esta vestimenta fue conocida como The  bloomer costume o Bloomers, debido a su principal difusora. Sin embargo, no fue bien acogida por la prensa y arremetieron contra esta moda burlándose por medio de caricaturas grotescas. De allí la frase “making a Bloomer”, referencia que significaba “meter la pata”.

Si bien algunas mujeres utilizaban este estilo por comodidad y otras como símbolo de igualdad de derechos, la mayoría de las feministas, así como la misma Amelia, dejaron de utilizarla por miedo a no ser tomadas en serio, argumentando que con el “meriñaque” (crinolina rígida que permitía llevar la falda esponjada sin necesidad de las pesadas capas de enaguas) era suficiente para andar cómodas y relizar sus actividades libremente.
En 1890, deportistas hicieron resurgir los pantaloncillos turcos con ligeras modificaciones en la tela y sin la falda, principalmente con la intención de hacer mas comodo el viaje en bicicleta, ademas de utilizarse para darse baños de mar.

El termino Bloomer paso a la historia para designar al calzón que acompañaba a los primeros trajes de baño y para inicios del siglo XX, en francia, surgieron los primeros calzones de algodón con encaje que actualmente son un elemento muy querido en el outfit de muchas lolitas del mundo.

Así que la próxima vez que porten su atuendo, recuerden, cada prenda del Lolita tiene una historia detrás, cada prenda tiene un propósito y una razón y merece ser portada con orgullo. Hagamos que nuestra moda sea motivo de admiración. Marquemos la diferencia <3.

“[…] contémplennos ahora en vestido corto y pantalones. Entonces, si gustan, […] alaben o censuren, aprueben o condenen […], según les convenga mejor. Nos hemos acostumbrado a ambas y somos indiferentes a su opinion”.

 
-Amelia J. Bloomer.
Fuentes:

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